Granizada mortal/12/07/2017
Después de comer por el camino un plato de pollo frito con patatas, entré en una cabina telefónica de una especie de locutorio bar, con el objetivo de felicitar a mi padre que cumplía 91 años. Percibí la tristeza respirando junto con la rabia y el miedo en Catalunya, aquella actitud represiva del gobierno central no se había vivido desde el franquismo, en el que también hubo un gobierno en el exilio. Preocupado me dirigí al hotel, allí me comunicaría por “face-time” con mi hijo y por wassap con mi compañera, al margen de la alegría de hablar con ellos, la preocupación siguió creciendo, me sentía extraño conmigo mismo al estar tan lejos en esos momentos de represión de mi pueblo, pero también sentía que nada podía hacer. De golpe, como si la tormenta interior contagiara el gris perla del cielo, fui testigo de la mayor granizada de mi vida. Nunca había sido testigo de semejante intensidad, duración y calibre de la helada piedra que caía, por suerte en ese momento estaba a ...